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Mi papel

Todos tenemos un rol en esta vida. Una imagen pública que a veces es el reflejo de la imagen interior y a veces un conjunto de telas variadas que hemos ido adquiriendo en el mercado del mundo y cuyo tapiz, bien cosido, ha formado nuestra piel.

 Día a día interpretamos nuestro papel, a veces por apetencia, a veces porque es lo que se espera de nosotros… Un solo hecho fuera del guión puede tirar por tierra la elaborada imagen que con el paso de los años nos hemos ido forjando, ante los demás e, incluso, ante nosotros mismos…

Yo siempre he seguido el guión. Mi guión. El que creía que era correcto y válido. He interpretado a la perfección los compases de la melodía que yo misma había marcado.

Pero ahora, me salen sonidos discordantes…

 - ¿P.?, ¡hola!. Soy T.

- ¡Hola T.! ¿Me llamas por lo de la fiesta?

- Sí, Ana  y yo hemos pensado que nos pasaremos un rato…

- ¡Estupendo!

- … no mucho, porque el sábado tenemos cosas que hacer, pero estaremos allí a primera hora para tomarnos algo.

- Pues ya aviso yo de que asistis. ¿Por lo demás bien todo?.

- Sí…  bueno… ha habido unos lios por lo de las últimas reuniones… pero en fin, muy largo de contar.

- Pues mañana me lo cuentas en la fiesta mientras te invito a una copa.

- Jajajaja, creo que el que invita es tu jefe.

- Jajaja, cierto, pero yo te la sirvo.

- De acuerdo, jajajaja. Hasta mañana entonces.

- ¡Hasta mañana!

Quizá sea hora de mudar mi piel…

En mi mail

From: P.
Date: 12-dic-2007 10:45
Subject: fiesta de navidad
To: T.

Hola T.

Soy P., de industrias gráficas. Disculpa que me haya tomado la licencia de usar tu email de la empresa.

Este viernes noche damos una pequeña fiesta de navidad en la empresa, algo informal, entre amigos. Algunos canapés, algo de beber y buena música. Sería en el bajo de nuestro edificio a partir de las 10 de la noche.

Hemos invitado a Ana y como tú también has pasado rato con nosotros y estás metida en el proyecto, nos gustaría hacer extensiva la invitación por si te apetece venir. Sin ningún tipo de compromiso, por supuesto, ya te digo que es algo totalmente informal y más una fiesta entre amigos que otra cosa.

Espero tu respuesta.

P.

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From: T.
Date: 12-dic-2007 11:30
Subject: FWD:fiesta de navidad
To: Ana

Ana, mira lo que me acaba de escrbir P. ¿Tú sabes algo de esto?, ¿vas a ir a esa fiesta?

 Yo me he quedado un poco sorprendida cuando he visto el mail, ¿te ha pedido a ti mi dirección?

Besos.

T.

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 From: Ana
Date: 12-dic-2007 12:27
Subject: RE: FWD:fiesta de navidad
To: T.

Hola cielo 

Me lo dijo ayer a última hora el jefe le dije que lo pensaba pero iba a pasar de ir. Que el sábado sabadete tenemos la nuestra y mi cuerpo ya no está para dos borracheras en un mismo fin de semana. No me digas que tú quieres ir ahora, que a mi es mu facil liarme.

Yo no le he dado tu mail lo habrá buscado en el directorio jajajaja

Ana

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From: T.
Date: 12-dic-2007 12:42
Subject: RE: FWD:fiesta de navidad
To: Ana

No sé si quiero, en verdad no debo, pero si me apetece. ¡No sé!

Supongo que por pasarnos un rato tampoco pasaría nada, ¿no?.

T.

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 From: Ana
Date: 12-dic-2007 12:59
Subject: RE: FWD:fiesta de navidad
To: T.

Pues yo que se si pasaria o no pasaria algo jajajajaja Pero si quieres vamos un rato. Eso si como me lie y llegue a casa a las mil tú luego le das  las explicaciones a mi marido, que si este finde salgo los dos días a fiestas sin él luego se me pone celosón jajajaja

Ana.

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From: T.
Date: 12-dic-2007 13:30
Subject: RE:fiesta de navidad
To: P.

Hola P.

No puedo asegurarte que pueda ir, el sábado es nuestra fiesta de navidad y el fin de semana lo tengo complicado de trabajo como para estar las dos noches de fiesta. Es probable que Ana y yo nos pasemos un rato, pero te lo confirmo con seguridad mañana.

Pero en cualquier caso muchas gracias por la invitación.

Ya hablamos. Besos.

T.

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From: P.
Date: 12-dic-2007 14:22
Subject: RE:fiesta de navidad
To: T.

Hola de nuevo

Mientras que confirméis antes del viernes a mediodía no hay problema. Pero yo mañana y pasado voy a estar de reuniones fuera de la empresa y no voy a poder estar pendiente de mi correo. Asi que o llamas a la secretaria y se lo dices a ella o directamente me avisas en el teléfono. Mi número es: xxx-xxx xxx.

Espero veros por aqui. Besos.

P.

Y postre

Cuando llegué a la sala de juntas aún no había aparecido el pizzero y todos se lanzaron a comentarme los detalles de un proyecto que es evidente que les está apasionando. Diez minutos después, con las pizzas ya sobre la mesa, la atención de todos se centró en la masa italiana, y más que una comida de trabajo fue una comida, a secas.

 Estaban allí Ana, P. y tres chicos más de su empresa, todos ellos bastante jóvenes y simpáticos. En la comida, que fue bastante rápida (comían feroces), se habló un poco de todo entre bocado y bocado. Más tarde, nos acercamos a la máquina del café para tener algo con lo que acompañar la sobremesa y seguimos charlando animadamente, mientras tomabamos unas pastas que habían quedado del catering de un desayuno el día anterior.

 Fue rápido. En una hora y poco ellos volvieron a su tarea y yo me subí a mi despacho. P. habló muy poco, casi nada, pero me miró muchísimo. Cada vez que yo le miraba me encontraba con sus ojos posados en mí. A veces los retiraba tratando de disimular y a veces nuestras miradas se cruzaban y se reía pícaramente. En un momento en el que yo me puse a hablar noté como su mirada me traspasaba, me puse nerviosa y perdí el hilo de lo que estaba diciendo ante las risas de todos. ¡Y eso que hablar en público es mi fuerte y siempre me muestro muy segura!

Cuando me fui Ana salió conmigo para ir al baño. No tardé en interrogarla porque estaba deseando saber el por qué de su aviso para esa extraña comida. “Ha sido idea de P. que te avisara. Ha creído que te podía interesar lo que estamos haciendo, aunque yo creo que al que le interesaba algo era a él“, me dijo entre risas.  Seguimos hablando del tema un rato más hasta que nuestros caminos se bifurcaron.  Cuando yo ya empezaba a alejarme, Ana me llamó de nuevo.

- Oye cielo, P. piensa que lo has dejado con tu pareja, lo sabes, ¿verdad?

- Sí, lo sé… -dije mientras me dirigía de nuevo a mi despacho.

¿Comida?

Ana me acaba de llamar. Está trabajando en la campaña del próximo año y se encuentra reunida con todo el equipo de publicidad, P. incluido (supongo).

 - Va a ir para largo- me ha dicho- pero ya empezamos a tener hambre. El plan era hacer una parada para bajar a almorzar a la cafetería, pero vamos mal de tiempo y los chicos han propuesto que pidamos unas pizzas y comerlas aquí mientras seguimos dándole vueltas a algunas ideas, sin tanto ruído. Nos vendría bien tu opinión, a ver qué te parecen los nuevos proyectos. ¿Te apetecería una comida de trabajo atípica y muy informal? Está el manos libres puesto- matizó al final, muy sabiamente para que no fuera a decir nada que metiera la pata y, también, como una medida de presión para que aceptara al estar todo el grupo escuchándome.

Me ha dejado un poco sorprendida. Primero porque en los años que llevo en la empresa es la primera vez que a alguien se le ocurre pedir pizza para comer en la sala de juntas, y me ha sonado a americanada un poco extraña. Segundo por la invitación en sí. Yo suelo dar el visto bueno a las campañas, pero nunca me he involucrado en el desarrollo de ninguna y es la primera vez que Ana me llama para algo de este estilo…

A pesar de todo, he dicho que sí. Es algo diferente y puede estar divertido ver qué tal sale…

¡En una hora y poco estaré comiendo pizza!

No soy fuerte

La noche de ayer fue dura. La inseguridad y los celos me comían por dentro e iban aumentando a medida que avanzaba la noche.

 A las 2 de la madrugada M. aún no había llegado y empecé a llamarlo como una desesperada… Creo que probé cada 5 minutos sin que me cogiera el teléfono.

A las 3 llamé a Ana. Suerte que había salido y no la desperté. Hablar con ella un rato me ayudó a no subirme por las paredes y salió (o saqué… no lo tengo muy claro) el tema de P. Al final había evitado llamarla para preguntarle más detenidamente por la conversación que tuvo con P., porque después de todo… ¡es una tontería! Pero anoche quería pensar en otra cosa.

- Le has llamado bastante la atención a P. y le apetece repetir la salida – me dijo, Ana.

- ¿Pero te insinuó eso directamente o es algo que lo has supuesto tú?- interrogué.

- Cielo, no me lo insinuó. Me lo dijo así de claro.

 M. llegó una hora más tarde y aún estaba despierta. Se había dejado olvidado el móvil en su despacho por la tarde, por eso no había dado señales de vida. Me sonó a excusa. Pero estoy paranoica, a mi  todo ya me suena a excusa. No le dije mis dudas respecto a eso, mi ánimo había cambiado y estaba más tránquila. Tampoco le interrogué por lo que había hecho en la fiesta ni me pegué a su ropa para ver si olía a perfume de mujer.

Me dormí pensando en lo que Ana me había dicho de la conversación con P. y el pensamiento de que, si quisiera, yo también podría hacer sentir mal e inseguro a M. me ayudó a rebajar mi ansiedad…

 Definitivamente: mi cabeza no está bien.

Sola en casa

Hace una semana M. me dijo que esta noche tiene un compromiso universitario. Un catedrático da una conferencia para inaugurar no sé qué y después hay una cena. Me preguntó si lo acompañaba y rápidamente le dije que sí.

Pero hoy, lo estaba pensando y no me apetecía nada ir. He tenido unas semanas muy duras de trabajo, con varios viajes, muchos actos e interminables cenas y comidas fuera de casa. Y teniendo hoy el día libre por el puente no me apetece tener que arreglarme, escuchar a un tipo que no conozco hablar de un tema que no me interesa y tener conversaciones supuestamente intelectuales con una panda de profesores casi desconocidos. Quedarme en casa, con el pijama puesto, sin nada en lo que pensar y viendo cualquier película divertida se me antojaba como el plan ideal.

Sin embargo, esta mañana fui a recoger el traje que me iba a poner a la tintorería. Y mientras volvía a casa refunfuñando por tener que ir, fui consciente de que en realidad no tengo por qué ir.

 ¿ Por qué había dicho que sí?

Bien sencillo. Allí estará la profesora con la que M. se lió este verano. Ir es una forma de marcar territorio por un lado y de quedarme tranquila por otro, al estar presente para controlar sus movimientos.

Pero no puedo condicionar mis actos a mi inseguridad. No puedo hacer cosas que no quiero sólo por controlar a M. Cierto es que un ambiente más distendido da pie a nuevas cosas… Pero si M. quiere volver a serme infiel no necesita una fiesta, puede volver a follarse a la profesora cualquier mañana en su despacho de la facultad. Y si M. no me vuelve a ser infiel tiene que ser porque realmente no lo quiera, no porque yo controle cada paso que da en plan sabueso.

Decidido esto, al llegar a casa le he dicho a M. que no iba. Ha estado un rato preguntando que si estaba segura y tras quedar convencido se ha marchado después de comer a hacer unas cosas. Luego se irá directo a la charla.

Ahora, en frío, me parece que he tomado la mejor opción. Tengo que luchar por llevar las riendas de mi vida y de mis emociones…

…Sólo queda esperar que esta noche sea capaz de aguantar el tipo y no subirme por las paredes angustiada mientras espero que regrese M.

Hoy…

… divago sobre mi misma porque no me comprendo.

 P. no me gusta especialmente. No es mi tipo de chico ni la persona en la que yo me suelo fijar. Sin embargo, podría haber hablado de los variados hombres que me rondan y estoy hablando de P.

M. es mi pareja y estamos luchando por nuestra relación. No es sencillo, yo estoy llena de rabia. Si me mordiera la lengua el veneno me mata. Pero le quiero y me es más fácil luchar contra mi rabia que olvidarle para siempre. Por eso sigo aquí.

Ante esas premisas el resultado de la ecuación debería ser bien sencillo. Dejarme de tonterías y centrarme en mi trabajo y en mi relación. Como siempre…

Pero estoy deseando que llegue una hora más apropiada para poder llamar por teléfono a Ana e indagar más sobre lo que habló con P.

 ¡Y no lo entiendo!

- ¿Me ha impactado P.?: Es simpático y me ha caído bien, pero igual que cualquier otra persona de las muchas que conozco cada semana. Y no quedo con ellas más veces.

- ¿Necesito una palmadita al ego?: Puede ser. Mi autoestima ha quedado muy tocada después de este verano. Aunque quizá es mejor decir que no me ha quedado autoestima. Pero desde junio hay  que chicos se han acercado a mi con la intención más que evidente de ayudarme a que eso no sea así. No necesitaría un tonteo con P. (¡sí se diera!, de momento sólo elucubro) para ello porque tengo gente más cercana con la que podría quedar para que me regalaran la oreja y me hicieran sentir bien.  Y no lo hago.

- ¿Busco de verdad alguien con quien ser infiel y devolvérsela a M. ? Es estúpido pensar así y si mi subconsciente es lo que quiere tendré que luchar contra ello, porque no se puede reiniciar una relación sobre esas bases y yo no puedo caer tan bajo como M. En cualquier caso, si fuera eso, he podido hacerlo. Cuando se hizo pública mi ructura con M. más de uno (¡y más de cuatro!) se acercó a mi para consolarme. Podría haber cogido ese consuelo, ¡podría cogerlo ahora!. Sería sencillo quedar con algún antiguo amigo con derecho a roce (ahora amigo a secas) y revivir viejos tiempos. Y no lo hago.

 Entonces… ¡por qué leches tengo curiosidad por saber con detalle lo que P. habló ayer con Ana!

Preguntó

P. trabaja para mi empresa, no en mi empresa. Por ello no lo he vuelto a ver ni he sabido de él en bastantes semanas.

Ayer eso cambió. Ana, compañera de trabajo y mi amiga, me dijo que P. le había preguntado por mi.

- ¿Y eso?- pregunté yo también verdaderamente extrañada – ¿qué te ha dicho?.

- Nada en concreto, he coincidido con él en la cafetería mientras desayunabamos y hemos estado charlando. Quería saber cómo estabas porque nunca te ve cuando viene.

Ana lleva directamente la campaña en la que trabaja P. y ha trabajado codo con codo con él. Durante el verano al parecer comían juntos algunas veces por semana en los descansos del trabajo, y más allá de la relación laboral cogieron una cierta confianza.

- Me ha dicho que podríamos repetir la salida nocturna de hace un mes. Que se lo pasó muy bien – continuó diciendo.

- Y tú qué le has dicho – pregunté.

- ¡Qué te lo preguntaría!

-¿A mi?

- A ti, claro, ha preguntado específicamente por ti- se rió e hizo una pausa antes de continuar- Es un tio muy majo y muy legal- concluyó cambiando el tono.

Ana, que sabe todo lo que pasó este verano (con más detalles y situaciones dolorosas que las que he resumido aquí), que me aguantó días y días llorando en los servicios de la empresa gritando “cabrón” mientras se me desangraba el alma, que me ha visto a mi, que siempre he sido fuerte, independiente y segura de mi misma, venirme abajo y convertirme en una sombra de lo que fui;  no aprobó que volviera con M.

 Es normal. Si una de mis amigas volviera con un tio como M. yo habría puesto el grito en el cielo y la habría machacado para que cambiara de idea. Pero desde dentro todo es más complejo y Ana, que no es como yo, entiende eso más fácilmente. Más allá de mostrarme en un primer momento su desacuerdo, todo han sido apoyos a mi decisión… Aunque de vez en cuando deja caer algo… Detrás de su comentario de que P. es muy legal yo podía intuir un “no como M.”

La conversación acabó ahí, empezó a llegar gente y teníamos trabajo por delante.

¿Mintiendo a M.?

Estaba despierto cuando llegue, esperándome… y le extrañó verme achispada por el alcohol.

Quiso saber dónde había estado y por qué no había avisado, se le veía enfadado y disimulaba malamente su malestar. Al principio de retomar la relación había estado con el rabo entre las piernas, pero ya el miedo a que decidiera no seguir parecía habérsele pasado y volvía a hacerse fuerte. Acostumbrados a llamarnos por todo varias veces al día, el que no lo hubiera hecho para avisar de mi retraso le descolocaba.

 - No estoy bien- acerté a decir como única explicación mientras me tiraba en la cama nueva que había comprado cuando cortamos.

Tardó en darse cuenta de que no me refería al alcohol y resopló. Estaba harto de que tuvieramos que darle vueltas al tema de su infidelidad y quería cerrar puerta. Yo, que sacaba el tema recurrentemente para aliviar mi rabia y quería indagar si había habido alguna más, le hice notar que mientras para él eso era lo más cómodo, para mi no resultaba sencillo y tenía que sacar la mierda y las dudas que tenía dentro.

Acabamos discutiendo y se fue a dormir al otro dormitorio.

A la mañana siguiente me traté de acercar a él pero estaba distante. Volví a sacar el tema para arreglar la tensión pero sólo conseguí  complicarlo de nuevo. Él no quería hablar y yo quería saber demasiado. “Ojos que no ven, corazón que no siente“- me dijo.

- ¿De verdad lo crees así? – pregunté perpleja. Para mi el engaño es peor que la infidelidad en sí.

- Firmemente – contestó.

- ¿Si yo estuviera con alguien preferirías no saberlo?

- Sería más feliz.

- Tomas esa postura porque sabes como soy, y estás seguro de que yo no podría estar con nadie más. Pero y si hubiera cambiado y ahora necesitara estar con alguien para sentirme en igualdad contigo, para ayudarme a pasar página y dejar de verme a mi misma como una víctima, ¿seguro que preferirías no saberlo?.

- Tú no eres así – contestó extrañado.

- No me estás contestando, porque sabes que, al igual que yo, querrías enterarte.

- Si no fuera importante y no fuera a cambiar nada entre nosotros, preferiría no saberlo.

Estaba perplejo, calibrando mi farol. Le dio un par de vueltas más a mis palabras, preguntó varias cosas y debió suponer que aunque tratara de hacerle creer que llevaba ases, el poker nunca había sido lo mio y mis cartas debían ser bastante malas. Aparcó el tema disimuladamente y empezó a hablar de otras cosas. Pasamos la mañana de sábado entre menesteres caseros y durante la comida me preguntó por lo que había hecho la noche anterior.

- Tomé unas cervezas con dos compañeras del trabajo- dije sin mentir, pero obviando contarle toda la verdad.

Segunda vez que no estaba actuando como soy…

Conociendo a P.

Llegó a mi mesa a finales de verano. Al parecer llevaba varios meses trabajando para nosotros, pero yo era la primera vez que lo veía. Su empresa se encarga de nuestras campañas publicitarías y estaba allí para presentarme las propuestas que lanzaríamos en el nuevo año.

 No me llamó la atención su fisico. Demasiado alto para mi metro sesenta y poco; cara demasiado cuadrada y agresiva para mis cánones helénicos; pelo demasiado largo y descuidado para mi sentido del gusto… El traje se notaba que le hacía sentir incómodo y ese tipo de reuniones parecían no ser su terreno. Le costó empezar y se le notaba nervioso, tartamudeo un par de veces al comenzar las frases y parecía no poder dejar las manos quietas.

Al margen de que consideré que no habían mandado la persona idonea para defenderlo, el proyecto era bueno, y salvo un par de cosas no le puse demasiadas pegas. P. se pasó por mi despacho un par de veces más para mostrarme los cambios.

Unas semanas después volvimos a vernos en esta ocasión en una reunión conjunta. Me saludó cortesmeste y me gustó como olía. Y casi dos meses más tarde, cuando yo ya había vuelto con M., coincidimos en un bar.

Ese día, después de estar trabajando hasta tarde, yo no quería salir como no había querido hacerlo en todo el verano, pero dos de mis compañeras me animaron y ante su insistencia pensé que era más sencillo tomar una cerveza que convencerlas de que me dejaran marchar. Fuimos a un bar cercano a donde trabajamos y allí coincidimos con varios administrativos y varios miembros del equipo de diseño. P. estaba también allí, sin traje, con el pelo suelto y con una copa en la mano.

Yo trabajo como directivo, mi puesto y mi despacho único hacen que no me relacione fácilmente con todo el personal de la empresa. Mis dos compañeras, en puestos más bajos y acostumbradas a usar las salas de trabajo comunes, conocían perfectamente a todos los presentes y se desenvolvían entre ellos como pez en el agua mientras que a mi la mayoría sólo me sonaban de vista. Me acerqué a P. porque era de los pocos con los que había intercambiado algo más que un saludo.

En un ambiente más distendido P. ganaba bastante. Charlamos durante un buen rato y se mostró divertido e ingenioso. Mi cerveza se convirtió en tres, cuatro… y el bar pasó a ser otro y otro. Al final de la noche sólo quedabamos la mitad de los 11 que nos habíamos reúnido y yo me había divertido por primera vez desde que pasó todo.  P. sólo era una persona que me había dado conversación y que no estaba dentro de mis intereses, pero cuando a las dos de la mañana sonó mi móvil, P., sentado a mi lado, pudo ver perfectamente el nombre de M. en la pantalla.

-¿Tu novio? – preguntó.

- Mi ex – dije sin saber por qué cortando la llamada.

Ahí me di cuenta de que algo no iba bien en mí.

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