Estaba despierto cuando llegue, esperándome… y le extrañó verme achispada por el alcohol.
Quiso saber dónde había estado y por qué no había avisado, se le veía enfadado y disimulaba malamente su malestar. Al principio de retomar la relación había estado con el rabo entre las piernas, pero ya el miedo a que decidiera no seguir parecía habérsele pasado y volvía a hacerse fuerte. Acostumbrados a llamarnos por todo varias veces al día, el que no lo hubiera hecho para avisar de mi retraso le descolocaba.
- No estoy bien- acerté a decir como única explicación mientras me tiraba en la cama nueva que había comprado cuando cortamos.
Tardó en darse cuenta de que no me refería al alcohol y resopló. Estaba harto de que tuvieramos que darle vueltas al tema de su infidelidad y quería cerrar puerta. Yo, que sacaba el tema recurrentemente para aliviar mi rabia y quería indagar si había habido alguna más, le hice notar que mientras para él eso era lo más cómodo, para mi no resultaba sencillo y tenía que sacar la mierda y las dudas que tenía dentro.
Acabamos discutiendo y se fue a dormir al otro dormitorio.
A la mañana siguiente me traté de acercar a él pero estaba distante. Volví a sacar el tema para arreglar la tensión pero sólo conseguí complicarlo de nuevo. Él no quería hablar y yo quería saber demasiado. “Ojos que no ven, corazón que no siente“- me dijo.
- ¿De verdad lo crees así? – pregunté perpleja. Para mi el engaño es peor que la infidelidad en sí.
- Firmemente – contestó.
- ¿Si yo estuviera con alguien preferirías no saberlo?
- Sería más feliz.
- Tomas esa postura porque sabes como soy, y estás seguro de que yo no podría estar con nadie más. Pero y si hubiera cambiado y ahora necesitara estar con alguien para sentirme en igualdad contigo, para ayudarme a pasar página y dejar de verme a mi misma como una víctima, ¿seguro que preferirías no saberlo?.
- Tú no eres así – contestó extrañado.
- No me estás contestando, porque sabes que, al igual que yo, querrías enterarte.
- Si no fuera importante y no fuera a cambiar nada entre nosotros, preferiría no saberlo.
Estaba perplejo, calibrando mi farol. Le dio un par de vueltas más a mis palabras, preguntó varias cosas y debió suponer que aunque tratara de hacerle creer que llevaba ases, el poker nunca había sido lo mio y mis cartas debían ser bastante malas. Aparcó el tema disimuladamente y empezó a hablar de otras cosas. Pasamos la mañana de sábado entre menesteres caseros y durante la comida me preguntó por lo que había hecho la noche anterior.
- Tomé unas cervezas con dos compañeras del trabajo- dije sin mentir, pero obviando contarle toda la verdad.
Segunda vez que no estaba actuando como soy…
Es muy complicado el tema de la infidelidad, pero es posible superarlo.