P. trabaja para mi empresa, no en mi empresa. Por ello no lo he vuelto a ver ni he sabido de él en bastantes semanas.
Ayer eso cambió. Ana, compañera de trabajo y mi amiga, me dijo que P. le había preguntado por mi.
- ¿Y eso?- pregunté yo también verdaderamente extrañada – ¿qué te ha dicho?.
- Nada en concreto, he coincidido con él en la cafetería mientras desayunabamos y hemos estado charlando. Quería saber cómo estabas porque nunca te ve cuando viene.
Ana lleva directamente la campaña en la que trabaja P. y ha trabajado codo con codo con él. Durante el verano al parecer comían juntos algunas veces por semana en los descansos del trabajo, y más allá de la relación laboral cogieron una cierta confianza.
- Me ha dicho que podríamos repetir la salida nocturna de hace un mes. Que se lo pasó muy bien – continuó diciendo.
- Y tú qué le has dicho – pregunté.
- ¡Qué te lo preguntaría!
-¿A mi?
- A ti, claro, ha preguntado específicamente por ti- se rió e hizo una pausa antes de continuar- Es un tio muy majo y muy legal- concluyó cambiando el tono.
Ana, que sabe todo lo que pasó este verano (con más detalles y situaciones dolorosas que las que he resumido aquí), que me aguantó días y días llorando en los servicios de la empresa gritando “cabrón” mientras se me desangraba el alma, que me ha visto a mi, que siempre he sido fuerte, independiente y segura de mi misma, venirme abajo y convertirme en una sombra de lo que fui; no aprobó que volviera con M.
Es normal. Si una de mis amigas volviera con un tio como M. yo habría puesto el grito en el cielo y la habría machacado para que cambiara de idea. Pero desde dentro todo es más complejo y Ana, que no es como yo, entiende eso más fácilmente. Más allá de mostrarme en un primer momento su desacuerdo, todo han sido apoyos a mi decisión… Aunque de vez en cuando deja caer algo… Detrás de su comentario de que P. es muy legal yo podía intuir un “no como M.”
La conversación acabó ahí, empezó a llegar gente y teníamos trabajo por delante.