Ana me acaba de llamar. Está trabajando en la campaña del próximo año y se encuentra reunida con todo el equipo de publicidad, P. incluido (supongo).
- Va a ir para largo- me ha dicho- pero ya empezamos a tener hambre. El plan era hacer una parada para bajar a almorzar a la cafetería, pero vamos mal de tiempo y los chicos han propuesto que pidamos unas pizzas y comerlas aquí mientras seguimos dándole vueltas a algunas ideas, sin tanto ruído. Nos vendría bien tu opinión, a ver qué te parecen los nuevos proyectos. ¿Te apetecería una comida de trabajo atípica y muy informal? Está el manos libres puesto- matizó al final, muy sabiamente para que no fuera a decir nada que metiera la pata y, también, como una medida de presión para que aceptara al estar todo el grupo escuchándome.
Me ha dejado un poco sorprendida. Primero porque en los años que llevo en la empresa es la primera vez que a alguien se le ocurre pedir pizza para comer en la sala de juntas, y me ha sonado a americanada un poco extraña. Segundo por la invitación en sí. Yo suelo dar el visto bueno a las campañas, pero nunca me he involucrado en el desarrollo de ninguna y es la primera vez que Ana me llama para algo de este estilo…
A pesar de todo, he dicho que sí. Es algo diferente y puede estar divertido ver qué tal sale…
¡En una hora y poco estaré comiendo pizza!