Me llamo T., y soy una mujer de 30 años.
Mi vida ha sido buena. Con sus más y sus menos, pero no puedo quejarme. Estudié una carrera de esas que dicen son “de futuro” y tuve suerte para encontrar trabajo rápido en una gran multinacional. En estos años me he esforzado mucho y gozo de un buen puesto de trabajo, estabilidad y solvencia económica. ¡Qué ya es bastante para estos tiempos que corren!
Empecé con mi pareja hace cuatro años. Antes de estar con él había tenido dos relaciones serias y más ligues eventuales de los que se pueden reconocer en una comida familiar. En general, la mayor parte de mi juventud la he pasado sin pareja estable, ya que he tendido a ser un poco egoista a la hora de compartir mi tiempo. Los amigos con derecho a roce y los amantes fijos u ocasionales han sido durante bastante años mi opción principal para relacionarme con los hombres.
Sin contar a mi pareja, sólo había estado enamorada una vez. Fue una relación bonita que simplemente se desgastó y salí de ella con melancolía porque se acabara pero sin demasiadas bajas. El amor ha sido indulgente conmigo y no me habían dañado seriamente. He tenido además la suerte de poder estar con los hombres que he querido, sin que ninguno que me haya interesado haya opuesto demasiada resistencia ante mis encantos.
Con mi pareja cambió totalmente mi idea del mundo y de las relaciones. Lo conocí a través de una compañera de trabajo y perdí la cabeza por él como nunca antes podría haber imaginado que pudiera pasar. Él es tres años mayor que yo y tiene ese “noséquéquequéséyo” que suele volvernos locas a las mujeres. Por aquel entonces comenzaba a dar sus primeras clases en la universidad y tenía a una legión de alumnas jovencitas pisándole los talones. Cuando mostró interés por mí sentí que flotaba.
A la semana compartiamos cama cada noche. Un mes después ya eramos pareja y al año nos fuimos a vivir juntos. En este tiempo nuestra relación ha sido muy buena, excelente. Nos queremos, nos estendemos y nos compenetramos. Casi no hemos tenido peleas y las desavenencias entre nosotros no han sido más de las que se derivan de una convivencia normal y de decidir a quién le toca hacer la compra o quién no ha fregado el baño. Antes del verano estabamos hablando de tener hijos en un futuro próximo y él trataba de convencerme de que era mejor que nos casaramos antes.
Nunca he sido infiel. Soy una persona con una ética personal bastante estricta y con muchos principios. Toda mi vida he abanderado el club de los leales y he criticado duramente a aquellos cobardes que engañan y quieren nadar y guardar la ropa al mismo tiempo. Siempre he pensado que si alguien quiere estar con varias parejas las opciones válidas pasan por no comprometerse con ninguna o ser sincero con todas, siendo cualquier otra cosa que implique engaño totalmente inaceptable.
Igualmente, nunca he estado (al menos que yo sepa) con una persona que me usara para ser infiel. No soy el segundo plato de la mesa, no soy alguien que quiera estar escondiéndose y no me gusta la gente que es capaz de comportase de esa manera y que no le remuerda la conciencia.
Mi pareja decía compartir conmigo esta visión del mundo…
Soy bloguera habitual desde hace más de dos años. El que muchos de mis amigos estuvieran lejos me animó a usar la red para tenerlos al tanto de mi vida. Mi blog es asiduamente visitado también por mis compañeros de trabajo y por un buen montón de ciber-amigos que he ido haciendo en este tiempo. En él suelo hablar abiertamente de lo que pienso del mundo, de actualidad y también de mi día a día y mis problemas.
Pero esto no lo podía contar…
Y por ello abro este nuevo blog… Para desahogarme, para encontrarme, para oir otras opiniones, para gritar lo que no me he atrevido a susurrar…
No voy a publicitar mi intimidad, pero tampoco a esconderla. Escribo sin ocultar los hechos y sin “maquillar” la verdad para que no se me reconozca. Si alguien que me conoce descubre esto, posiblemente lo relacione fácilmente conmigo; si es así: ¡bienvenido a mi nuevo mundo y a mi nuevo yo! No es tan bonito como el otro, pero quizá éste acabe siendo el real…